Bueno para inaugurar este renacimiento como es debido, dejo un escrito de hace algunos meses, en fin es una comparación un poco loca entre la típica figura de las princesas estilo Disney, y nosotras chicas completamente normales, pero únicas.
¿Que si yo fuera princesa?
Durante varios
siglos hemos tenido una concepción de princesa como aquella damisela en
constante peligro, de piel blanca como la nieve, tersa y delicada, que al final
de su siempre fatídica historia logra vivir su ansiado final feliz junto al
guapo príncipe de ensueños, aquel caballero medieval cubierto por su brillante
armadura siempre en compañía de su valiente corcel, dispuestos en todo momento
a arriesgar su vida por la doncella.
¿Suena genial
no?, ¿sería posible que se den estas
situaciones hoy en día?, ¿eres capaz de visualizarte a ti misma como a una
princesa de cuentos de hadas? En el peor de los casos, ¿puedes imaginar a
alguna de tus amigas o algún familiar como una?
Difícilmente
¿no? Y no es que nosotras no podamos ser
princesas, lo que sucede es que las princesas modernas distan mucho de la pre
concepción que tenemos.
Aunque tú no lo
creas tu si eres una princesa, con la diferencia que debes esforzarte día a día
para cumplir con tus deberes habituales como trabajo, estudios, compromisos. Una princesa que cada mañana se despierta de
mala gana y pagaría por unos minutos más de sueño, que afronta el nuevo día con
la cara lavada o el maquillaje corrido, con ojeras producto del cansancio
acumulado, y el pelo desordenado, a diferencia de aquella doncella que se
despierta con un maquillaje inmaculado, sus cabellos largos y sedosos cayendo
por sus hombros y bellos pajaritos cantando a su alrededor.
Eres una
princesa que toma su primer alimento del día a toda prisa para después salir
corriendo de tu hogar, no como ‘’aquella’’ que se va dando saltos descalza por
los bosques comiendo frutas y un millón de exquisiteces o que ocupa una mesa
gigante dentro de un gran palacio.
Eres una
princesa que es capaz de correr, sudar, gritar, saltar, reír, llorar y
enojarse sin el molesto límite del
recato y la mesura.
Una princesa
que goza de cantar y bailar como si fuera una estrella anónima, una princesa
que cuando se junta con sus amigas puede conversar durante horas de infinidades
de temas, que es capaz de ser una dueña de casa dedicada, una mujer de familia
o una chica profesional e independiente.
Pero a pesar de
todas las responsabilidades, las tecnologías, los cambios de la modernidad y la
evolución del pensamiento sigues siendo una princesa que durante su vida a
estado o está a la espera de su príncipe azul, o no tan azul, pero príncipe al fin y al cabo.
Fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario