lunes, 23 de julio de 2012

¡Que, si yo fuera princesa!

Bueno para inaugurar este renacimiento como es debido, dejo un escrito de hace algunos meses, en fin es una comparación un poco loca entre la típica figura de las princesas estilo Disney, y nosotras chicas completamente normales, pero únicas. 




¿Que si yo fuera princesa?



Durante varios siglos hemos tenido una concepción de princesa como aquella damisela en constante peligro, de piel blanca como la nieve, tersa y delicada, que al final de su siempre fatídica historia logra vivir su ansiado final feliz junto al guapo príncipe de ensueños, aquel caballero medieval cubierto por su brillante armadura siempre en compañía de su valiente corcel, dispuestos en todo momento a arriesgar su vida por la doncella.  

¿Suena genial no?,  ¿sería posible que se den estas situaciones hoy en día?, ¿eres capaz de visualizarte a ti misma como a una princesa de cuentos de hadas? En el peor de los casos, ¿puedes imaginar a alguna de tus amigas o algún familiar como una?
Difícilmente ¿no? Y  no es que nosotras no podamos ser princesas, lo que sucede es que las princesas modernas distan mucho de la pre concepción que tenemos.

Aunque tú no lo creas tu si eres una princesa, con la diferencia que debes esforzarte día a día para cumplir con tus deberes habituales como trabajo, estudios, compromisos.  Una princesa que cada mañana se despierta de mala gana y pagaría por unos minutos más de sueño, que afronta el nuevo día con la cara lavada o el maquillaje corrido, con ojeras producto del cansancio acumulado, y el pelo desordenado, a diferencia de aquella doncella que se despierta con un maquillaje inmaculado, sus cabellos largos y sedosos cayendo por sus hombros y bellos pajaritos cantando a su alrededor.

Eres una princesa que toma su primer alimento del día a toda prisa para después salir corriendo de tu hogar, no como ‘’aquella’’ que se va dando saltos descalza por los bosques comiendo frutas y un millón de exquisiteces o que ocupa una mesa gigante dentro de un gran palacio.

Eres una princesa que es capaz de correr, sudar, gritar, saltar, reír, llorar y enojarse  sin el molesto límite del recato y la mesura.
Una princesa que goza de cantar y bailar como si fuera una estrella anónima, una princesa que cuando se junta con sus amigas puede conversar durante horas de infinidades de temas, que es capaz de ser una dueña de casa dedicada, una mujer de familia o una chica profesional e independiente.

Pero a pesar de todas las responsabilidades, las tecnologías, los cambios de la modernidad y la evolución del pensamiento sigues siendo una princesa que durante su vida a estado o está a la espera de su príncipe azul, o no tan azul,  pero príncipe al fin y al cabo.


Fin. 



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